La joya de la Sierra 

Ese lugar al que dicen las leyendas y los vendedores de recuerdos que “siempre habrás de volver”, habita en una sierra. No tan recóndita, porque las autovías están cercanas.. Pero lo suficientemente remota para que en el seco estío la gente se lo piense dos veces antes de ir. Hay soberbios palacios y templos que le hacen guiños a la majestuosa monumentalidad natural del paraje. El verde perenne brota de la árida roca, oasis ibérico. No es pues extraño , que el conquistador andalusí se enamorara de esta morada terrenal de huríes. Como para fundar un reino independiente del califa a la menor ocasión, y disfrutar epicureamente de sus parabienes.

Mas poco duró la dicha. El envidioso e infiel vecino, en forma de otra raza de hombres orgullosos llegados de las montañas del norte, y con increíble osadía logró la imposible hazaña. El premio lo merecia porque el paraíso terrenal cambió de manos, y de religión, aunque en esencia continúo manteniendo su corazón indómito, feroz.. Y la celosa salvaguarda de su esencia de refugio idílico, a salvo de las turbulencias terrenales.

Aun hoy lo mantiene. Y por muy triste, vacuo, agobiado que acuda a él un viajero, lo consolará en su frescura y ahogará la angustia en el murmullo de su río eterno, y la frescura de sus bosques inmemoriales. Alli donde razas primitivas de hombres y mujeres vivieron y murieron en  inocencia..

Bienvenidos a la belleza.

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