Archivos Mensuales: noviembre 2014

La última frontera de al Andalus

Año de Gracia de 1486. Las tropas Cristianas comandadas por el rey Fernando de Aragón, consorte de Isabel de Castilla amanecen frente en la frontera occidental de Al Andalus. El Reino Nazari, y su capital situada al pie de las cumbres nevadas se protegen a la retaguardia de Madinat Lauxa. El valiente alcaide Aliatar, suegro de Boabdil el rey que gobierna en la Alhambra, guarda el paso por el desfiladero del Genil hacia las fértiles vegas granadinas, al pie de las cumbres.
Otro valiente soldado cristiano, llegado del norte.. neblinosos y fríos parajes.. contempla el sol elevarse sobre la silueta de la alcazaba de la Medina.
Supriman los campanarios, añadan dos o más alminares.. Las puertas del reino de la Alhambra, del paraíso terrenal de los Nazaries se están abriendo..

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Noche de Difuntos

Es la palabra en sí. Recuerdo como , ya de pequeño , me sonaba rara. Tres silabas, eran como otro tipo de gente , que ya no estaban pero que no se habían acabado de ir.

Y cuantos se han ido ya?!  Hubo un escritor o poeta que declamaba:  “que solos que se quedan rodeados de cipreses!!” al terminar la pompa y el ceremonial. Es el sonido de una bisagra metálica mal engrasada el que orla el verdadero epitafio. O tal vez el recuerdo de esas ultimas palabras relevantes, si es que se produjeron, mientras vivan las neuronas que las llevan presentes es preferible eso que un infame chirrido.

Pero no va mucho mas allá que la pura física . Cuánto viven los hijos de uno, y sus nietos, que ya no bisnietos. Cuántos años, generaciones, son precisos para que la historia contada deje paso al descolorido retrato en la pared. Me rebatireis que ahora se pervive incluso en forma de ceros y unos , vídeos, jotapeges, fotos ultrapixeladas.. Pero con eso no marcaremos una gran diferencia..

Hace tiempo que llegué a la conclusión de que son otros códigos , los del amor, ese siempre el que más.. O la estirpe, el punto de referencia de los que son pasajeros provisionales de este tiempo que tal vez no es real, que tal vez solo soñamos..

Al final todo me lleva a esa primera entrada en mi diario de adolescencia. Vivimos en un desconocer, que quiere disfrazarse de una supuesta certeza. Frases lapidarias, ocasionales sentencias, que van formando un bagaje cultural y moral.. Rutinas, y lecciones morales en las que creemos tener confinados nuestros cuatro bártulos durante el exiguo trayecto. Son esas imágenes que se superponen: yo- niño observando a mi abuela , en el pueblo, despellejar y preparar un conejo a la cazuela (el ciclo de la vida), yo-adulto contemplando a mi madre sentada en el sofá leyendo un libro con la misma concentración, similitudes y diferencias. El entrechocar de las copas de vino ayer con mi padre, con cabello blanco y de discurso menos vehemente , mas cansado, y el barrunto del yo- niño cuando se acercaba el castigo, la mirada leonina  del progenitor , en su plenitud adulta y enfadado.

Sea como sea ese es el zurrón que transportamos a través del sendero. Un camino en ocasiones ascendente y con alguna fase de declive, y que a lo largo de estaciones nos va acercando y mostrando arroyos, fuentes, miradores , desde los que nos situamos en el páramo, con cierta perspectiva. Es imposible saber dónde estamos ahora mismo , ni con ligera certeza, a qué distancia del final de la excursión. No sabemos si acabaremos en algún punto referente, en alguna cota desde la que divisaremos una panorámica.. Recuerdo a mi abuelo, en el pueblo, inmovilizado por sus problemas circulatorios, mientras observaba desde su ventana al valle el trasiego de sus paisanos. En su caso realidad y metáfora se imbricaban..

O Tal vez, el ni siquiera advertirlo. Un desfallecimiento como el de aquel compañero de clase del instituto que se quedó dormido mientras hacia submarinismo, o el de aquel profesor que se desplomo en un vuelo intercontinental. Es el “sin comerlo ni beberlo” tan cotidiano por otra parte. Esa pausa inesperada en plena tarea, cuando mejor lo estabas haciendo. Un parpadeo y la eternidad sin solución de continuidad..

Y luego los avisos de final de trayecto.. Volviendo a mis queridos abuelos, se evoca la imagen de la cama del hospital y los besos febriles con aquella mano que me revolvía el pelo, las palabras ya débiles y cansadas.. O ,en cambio , la voz , atronadora hasta el fin, de aquel otro hombre que contemplaba a su nieto, ya adulto, con cierto estremecimiento diciendo que el pescado esta todo vendido, solo faltaba concertar la cita..

Son formas y formas de llegar a un mismo objetivo , en eso estamos de acuerdo. Pero , volviendo al tema central, el chirrido de la cancela da paso a la soledad y el olvido.. Si es que estos conceptos pueden existir en ese nuevo estado. Igual que no resulta idóneo hablar de “una depresión profunda e irreversible” aunque para el caso es parecido: te marchaste, pero no del todo, porque aun permaneces.. En ellos. En los tuyos.

Hoy, en una estación temporal mas, irán a ponerles flores. Allí donde hemos erigido sus altares materiales. Por qué? pues como primates y visuales que somos , necesitamos “ver para honrar” . Pero mi homenaje es también legítimo. Escribimos para huir de un demonio o un temor, dicen los entendidos. Pero no es así en mi caso. Yo no temo. Bueno, 🙂 tal vez un poco, como todos. Temo lo que me quedare sin aprender o contemplar.. La bajada por ese prado, o ese pequeño curso de agua límpida que no llegaré a advertir. Lo demás es inexorable.

Solo te quedaras, tras el chirrido.. Y luego insoportable y eterno Silencio.